Las personas y las cosas no son lo mismo, las personas tienen derechos y obligaciones, las cosas carecen de ellos, aunque las cosas merecen un cierto respeto en la medida en que nos permiten materializar los derechos y las obligaciones de las personas. El mercado es una cosa, un instrumento construido por nosotros, no tiene substancia propia, no hay nada en él que nos venga dado por una naturaleza anterior al ser humano, tampoco la naturaleza del ser humano define mercado alguno. Por lo tanto, y desde mi punto de vista, el mercado es algo convencional y como cualquier otro instrumento humano requiere normas para su correcta utilización, normas ajustadas a los valores sociales en uso. Leer más en la página 20 "Soñar despierto y construir el mercado laboral honesto"
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